miércoles, junio 07, 2006

Prohibido fumar

BIENVENIDOS AL RITO:

 

Dicen que la felicidad esta en las pequeñas cosas. Él no creía en eso y quizás por esa razón era que incansablemente buscaba ese momento de regocijo en un instante que nunca llegaba a concretarse.

 

Su anhelo mas deseado era encontrar esa frase, ese momento de lucidez que terminara para siempre con esa búsqueda incansable y perpetua de la perfección en la prosa. Un simple grupo de palabras que al unirse del modo correcto, expresara ni más ni menos que eso que ni él estaba seguro de vivir.

 

La cuestión no era simple, todo formaba parte de un ritual ancestral en el que todo debía ser perfecto. El Quijote era el lugar indicado. Siempre había sentido una conexión cósmica con ese Cafetín de mala muerte, en el que más de uno cumplía religiosamente la romántica tarea de esperar que nada pase. La mesa 3, siempre en el mismo rincón. Nadie más se sentaba en ella. Pensaba que le pertenecía solo a él, pero yo lo adjudico a las manchas de humedad en la pared y el manual Kapeluz de tercer año que proveía una efímera estabilidad a la misma. Pidió una lágrima.

 

Las horas pasaron. Varias dosis de cafeína amenizaban otra de esas tardes.

 

En ese momento, sin más, la vio. Ahí estaba. Era simple, mundana. Mil veces pronunciada. ¿Como no lo había pensado antes? Tomo apresuradamente su mordido lápiz. Una servilleta. Las letras fluyeron con una facilidad tremenda sobre el barato papel. Ya casi lo lograba.

 

El místico ritual estaba por llegar a su fin. Respiró hondo. Metió lentamente la mano en el bolsillo interno de su saco a cuadros, que a más de uno le recordaría la espalda de un mazo de cartas. Tomó un cigarrillo. Creo que era Derby o Colorado. Pidió un fósforo, pero nadie le contesto. De pronto, desde la barra, un mozo que acomodaba sobrecitos de azúcar en los ceniceros lo miro fijo y levantó la pera, como preguntándole que quiere. “Fuego”, respondió tímidamente. El mozo negó con la cabeza y señaló un cartel. PROHIBIDO FUMAR.

 

Ya nada tenía sentido. Miró el papel por última vez y lo dejó sobre la mesa. Era demasiado tarde. Un ritual es un ritual. No se cambia. No hay medias tintas. El mozo tomó la servilleta de la mesa. La abolló y la guardó en el bolsillo. Quizás nunca sepa cuantas cosas tuvo en la mano en ese momento. Cuantas cosas abolló y guardo en ese instante, pero esa negativa, ese pedazo de papel barato, era el último momento de alegría, de reflexión, de recuerdo, de búsqueda, de anhelo. Era el último momento de un hombre grande consigo mismo. Con su pasado, su presente y su futuro.

 

El viejo, por su parte, entendió que la felicidad si esta en la pequeñas cosas.

martes, marzo 14, 2006

YA SE CAE?

...FRÍO, FRÍO


Luego de un inmenso operativo mediático que incluyó transmisiones en vivo y en directo de varias horas de duración, largas explicaciones científicas del fenómeno, entrevista con cuanto turista, guardabosque o quien sea que se cruzaba por ahí y de intentar subirnos el “argentinismo” al ser el único país que tiene un glaciar que en vez de ir para atrás va para adelante y se rompe, el Perito Moreno se cayó, y nadie pudo verlo.
Una cosa es cierta, los argentinos estamos acostumbrados a esperar cosas que nunca llegan (recuérdese recital de Metallica en River) o cosas que llegan y resultan ser un fiasco (mundiales de 1990, 1994, 1998 y 2002).
Ahora no solo el mundo se nos caga de risa (recuérdese el siguiente momento histórico: el Carlo en el auto presidencial con guardias corriendo al lado a lo película JFK, con la única diferencia de que estaban tan gordos que solo uno llegó al final del recorrido ante el aplauso y las risas de los presentes.), sino que también la naturaleza se divierte con nosotros. Debe ser la venganza por el calentamiento global.
Al menos Eschoyes no pronostico el horario de la caída. Eso hubiera sido demasiado.

Gracias glaciar. Que te diviertas.

martes, febrero 07, 2006

A ver esa boquita...

ODONTOFÓBIA: Crónica de una muerte anunciada.

La ida al dentista debe ser sin dudas una de las experiencias mas tormentosas que una persona pueda vivir regularmente. Para aquellos que realmente le temen, el sufrimiento va mas allá de lo que pueda durar la consulta. Comienza desde el mismísimo momento de sacar el turno. Parece que los días pasaran más rápido. Sueñan con la dulce voz de la secretaria que les dice: “Gonzáles, consultorio 4, Gonzáles, consultorio 4”. El rocío en el césped huele a amalgama y el canto de los pájaros es un torno que les taladra el cerebro.

Como si eso fuera poco, la tecnología aplicada al cuidado dental transformó al dentista de un tipo simpático, en una especie de Power Ranger bucal: barbijo, lentes, pinzas, espejitos, esa luz enceguesedora en la cara, y lo que es peor, el tubito succiona saliva que se te pega como sanguijuela debajo de la lengua. Él es el verdugo. Y vos estas en la silla.

Llegó el día: “Gonzáles, consultorio 4”. Al fondo del pasillo, un 4 dorado te mira desde la puerta. Das un paso. Dead men walking!, grita la secretaria. El pasillo es más corto que de costumbre. Antes te daban plata si se te caía un diente y ahora vos le pagas a otro para que no se te caigan. No es negocio. Te paras frente a la puerta. Ves tu cara de miedo en el reflejo del 4, que de cerca es más amenazador aun. Respiras hondo esperando que alguien te pregunte tu último deseo. Abrís la puerta.
-Dentista: “¿Gonzáles?”
-Vos: “Si? “
-Dentista: “Me tengo que ir. ¿Te molesta si lo dejamos para la semana que viene?”
De pronto volvés a sentir las piernas. ¡Dios existe! Tenés una visión: El Ratón Pérez con una corbata en la cabeza destapa una sidra y se caga de risa. No te importa. Tenés una semana más de vida.

      

jueves, enero 19, 2006

HOROSCOPOS, PREDICCIONES Y OTRAS HIERBAS...

No hay nada más interesante en cualquier publicación
gráfica que los horóscopos, un conjunto de palabras reveladoras que pueden
transformar tu día en el mejor de tu vida o en un completo desastre.


Muchos imaginarían una señora gorda con larga pollera de
gitana que con su bola de cristal observa los destinos de la humanidad y los
escupe en una hoja con el único afán de advertirnos acerca de los movimientos
planetarios y su influencia en nuestras mundanas vidas. Yo, por el contrario,
imagino un gordo transpirado y con olor a pucho que se saca la pelusa del
ombligo mientras piensa que carajo poner en dos renglones, que a la hora de
inventar estupideces pueden parecer bastante largos por cierto.


Hagamos una prueba, en las próximas líneas mi nombre va a
ser Blanca Turri, la astróloga:


Géminis: Recibe noticias inesperadas que mejoraran
su vida laboral.


EL
CORAZON: Con agujeritos.


EL BOLSILLO: Roto.     


UNA PIEDRA:
Filosofal


UN NÚMERO: 0 – 800.


Acuario: Buen momento para salir de viaje.


EL CORAZON: Partio.


EL BOLSILLO: De atrás. 


UNA PIEDRA: Quiste renal.


UN NÚMERO: De la bestia.


 


(HE VUELTO A SER YO) ¿Vieron que fácil? Ahora yo me
pregunto: La pobre abuelita de Géminis ¿Se habrá quedado en su casa a esperar
noticias?, ¿Habrá visto Harry Potter? El viejito de acuario ¿Se habrá ido de
viaje?, ¿Le dolerán los riñones?, ¿Escuchara Iron Maiden? Nunca lo sabremos,
pero hay gente que cree en los horóscopos, no hay duda.


 


¿A ver que dice el mío?


CAPRICORNIO:
Será aconsejable canalizar la energía hacia alguna
actividad creativa. Escriba.”.
Por Dios
¿Quién le puede hacer caso a eso?

lunes, octubre 17, 2005

Final de la historia...

De ser la primera vez que entra a este humilde blog, recomiendo tener en cuenta lo siguiente:
Es necesario leer los textos en el siguiente orden: 1. Recuerdos de Carmen. 2. La Búsqueda. 3. Boletos por favor. 4. La Búsqueda (segunda parte), de lo contrario, no solo no entenderá un pomo, si no que su visita carecerá de sentido. Gracias.


“Boletos por favor…”

Lucio paredes se transformó rápidamente en un perito importante a la hora de reconstruir la vida de nuestro personaje después de la desaparición de Carmen. Él cumplía la importante tarea de pedir el boleto a los pasajeros del Centra R, y por ende, cuidar al pasaje de colados inescrupulosos y alimañas de toda clase.
Paredes se caracterizaba por su exagerado interés hacia la vida de los pasajeros. Cuando se le permitía, hablaba con las partes para arreglar conflictos. Aconsejaba a los tímidos sobre las formas más sutiles de acercarse a la mujer deseada. Escribía cartas a los pasajeros que hoy tenían auto para saber como estaban. Se dice que muchos romances (que llegaron a buen puerto) fueron en cierta medida gracias a su sutil mano para las cartas de amor y sus tácticas infalibles de cupido aficionado.
Era un hombre de sonrisa perpetua. Nada parecía arruinar ni por un segundo su felicidad. De pronto, el solo hecho de oír el nombre de nuestro personaje le llenó los ojos de lágrimas. Repitió hasta el cansancio que no hablaría de él.
Bajó del Centra R de un salto y se desplomó en una vereda de baldosas verdes. Al ver mi insistencia e interés, dijo: “…nunca había visto algo así, no había necesidad, pobre pibe…”
Dio media vuelta y se fue rengueando por la caída. Antes de llegar a la esquina, miró el cielo, acarició su rodilla derecha y con tono entrecortado, al punto de parecer lloroso, declaró: “…la tristeza tiene límites, la melancolía no puede ser infinita. No se que será de él en este momento. Quizás lo superó.” Caminó de pasos,…” se donde vives, te escribiré lo que pueda soportar escribir… no garantizo nada.”
Al día siguiente recibí la primera carta firmada por Lucio. Los nervios se apoderaron de mí. ¿Qué diría? Rompí el sobre los mas rápido que pude. Temblaba mientras desdoblaba la hoja Rivadavia de carpeta que había adentro.
Dice:
Querido amigo: solo quería confirmar que era tu dirección.
Un abrazo. Lucio Paredes.


La búsqueda (segunda parte)

¿Por donde empezar? El tiempo que se había encargado de cambiarlo, también podría haber tenido su influencia en Carmen. Por alguna razón esta idea lo perturbaba. No podía imaginar el mundo privado de esa imagen que lo enamoró y rápidamente se transformó en la postal de sus años felices.

Se sabe que sus días de búsqueda fueron plasmados en un diario. Paco Paredes, hermano de Lucio, dice haber tenido la suerte de leer gran parte de él. Recuerda el tono metafórico y recargado de sus líneas. Asegura haber acompañado a nuestro personaje durante el día previo al comienzo de su búsqueda, día en el que realizó una lista (con la cual comienza el diario) que expresaba recuerdos que podrían ayudarlo a la hora de emprender la aventura.
La conformación de la lista llevó todo el día con su respectiva noche. Paredes cree recordar más de veinte intentos de ésta que quedaron descartados. Esa noche fue la última vez que lo vio.
Con el tiempo, muchas páginas del diario fueron encontradas. Esto puede atribuirse a la falta de interés del escritor hacia ellas, a la mala calidad del cuaderno o simplemente a la falsedad de las mismas (lo que es más probable).
A continuación, adjunto un fragmento de una de ellas, fechada pocos días después de comenzar la búsqueda:
20 de abril:
“…la pena invade mi ser al decir que nuevamente el ocaso me espera sin noticias de Carmen. Transito los suburbios siguiendo el rastro de su perfume cada vez más lejano. Me pregunto si la felicidad habrá tocado su puerta en estos dolorosos años. Su felicidad. Mi anhelo…”
“… encuentro su ausencia en las cosas. Contradicciones. Tardes de verde césped y filosofía de cartón. Carmen. Recuerdo. Dolor…”
Se sabe que la perpetua soledad atemoriza a los abandonados. Pero aterra al que abandona. Según parece, nuestro personaje sufría por ambos de formas igual de dolorosas. Sollozaba su propia pena. Y se empapaba por ambos en las espesas lágrimas del cardiodrenaje.
…………………………………………

Hace unas semanas, mientras nos dirigíamos al recital de Spinetta con mi amigo Jopi, tuvimos la idea de darle a esta historia finales alternativos. Muchas preguntas quedaron abiertas: ¿Realmente buscaba a Carmen solo para saber si había sido feliz y de esa forma encontrar su propia felicidad? ¿Aun estaba enamorado de Carmen y se negaba a creerlo? Ni yo lo se. Hasta acá llegó la historia. Lamentablemente a la larga las historias de amor que se han escrito terminan siempre se un modo novelesco o trágico. Ninguno de los dos son de mi agrado. Así que elijan el que más les guste. Propongo un par:
1- Finalmente nuestro personaje encuentra a Carmen y se da cuenta que aun la ama, pelea por ella y logra enamorarla nuevamente. Se casan y viven felices.
2- Carmen desde hace tiempo sale con Lucio Paredes y éste se ofreció a ayudarlo solo para darle pistas falsas.
3- Carmen murió hace tiempo en un trágico accidente. Ella también buscó a nuestro personaje durante años. Éste encuentra su tumba, cuyo epitafio reza: Para…x…. Mi único amor.
4- Otro (escriban su propio final como comentario. Es lo recomendable.)

miércoles, julio 27, 2005

LA BÚSQUEDA.




Hay que admitir que nuestro personaje no era un hombre que se resignara
fácilmente. Los espíritus cabizbajos buscan rápidamente un escape, pero él
estaba dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias. Era su primer
desengaño, y prefería escapar de a un casillero antes de dejar caer el rey.
Aunque la derrota fuese inevitable.


Una mañana de abril creyó que había llorado demasiado. Cabe aclarar que no era
un hombre vergonzoso de sus sentimientos. Creía que los ojos tenían una conexión
directa con el corazón. Él llamó su teoría “Cardiodrenaje”. Se dice que existe
un cuaderno (obviamente forrado con papel araña celeste) en el que explica
detalladamente su teoría.

Creer en el destino puede ser una actitud cobarde, pero aquella mañana creyó
descubrir su misión en este mundo. Aún no se sabe cuál fue el detonante de tal
revelación. Un sueño quizás.

Decidió que iba a buscar a Carmen. No había nada que quisiera decirle. No estaba
seguro de querer verla. Tomó esto como una revancha personal, una aventura épica
con un solo fin. Saber que sus lágrimas no habían sido en vano.

Tres años, cuatro meses y ocho días habían pasado desde la última vez que había
tendido la suerte o la desgracia de verla (los cálculos pertenecen a quien
escribe y recomiendo cubrirlos ante un manto de duda).

Como todo enamorado abandonado, tuvo que transitar la cuatro etapas que cierran
el círculo del recuerdo y el olvido. A continuación detallaré brevemente lo
antes dicho.




Primera etapa: El muro de los lamentos.

Comienza a las pocas horas de ser dejado y su extensión depende de cuan
lacrimógena sea la victima. La vida parece no tener sentido alguno. Esta época
se caracteriza generalmente por perdida del apetito, somnolencia, mucosidad
abundante, ojeras, y en casos extremos su aparato digestivo es abandonado en la
barra de algún bar.




Segunda etapa: No la necesito.

El renacer de la vida. Las salidas con amigos pasan a ser su única preocupación.
Regresa el interés por su apariencia (quizá mas que nunca). Fines de semana de
cacería, toda mujer hace el recorrido del central R. Ésta etapa suele ser la mas
corta.




Tercera etapa: Son todas iguales.

Llegada del resentimiento. Continuas comparaciones con el amor perdido. Esto
lleva inevitablemente a la soledad. A nadie le gusta ser comparado en cada una
de sus acciones. En algunos casos el enamorado abandonado intenta tapar sus
frustraciones pasadas transformándose en el problema, lo que lleva a la otra
persona a un sufrimiento innecesario y transforma a uno en un gusano
despreciable.




Cuarta etapa: El olvido.

Regreso al mundo de los vivos. Es conciente de que lo que perdió en este tiempo
es aún mas grande que ese amor. Momento de revisar lo acontecido y empezar de
nuevo.

Muchos dirán: “……bien, y porque vuelve a buscarla?... “

Los años lo habían transformado en lo que rogaba nunca ser. La vida lo había
llevado de a poco al vagón de la monotonía. A la rutina. A lo mundano. A lo
superficial. Quizás sus últimos años de adolescencia se perdieron en el
sufrimiento. En el recuerdo.

Su búsqueda no tenía como objetivo el regreso de Carmen. No pensaba en eso. Solo
quería saber que había sido de su vida en estos años. Sus cosas, su familia, sus
amigas, su mundo. Su único anhelo era saber que al menos, había logrado ser
feliz.



Triste final?

lunes, julio 25, 2005


RECUERDOS DE CARMEN

El futuro solo existe para recordar el pasado y esa es la cruel realidad. Quizás porque es cronológica y científicamente imposible reír o llorar por algo tan efímero como ese instante imperceptible llamado presente. O tal vez porque la demostración de sentimientos hacia el futuro nos llevaría a tantas variantes, posibilidades o situaciones que nos volvería locos. El pasado es lo único digno de odio o admiración.

Existen lugares en los que el tiempo parece no pasar, la repetición de hechos conduce a un constante deja vu, simplemente adjudicable a la monotonía y a la repetición. Las paradas de colectivos, las clases de matemática y las novelas de la siesta, son ejemplos claros de esto.

La parada del central R es un mundo pequeño, lo se, pero muy rico en historias que nunca saldrán a la luz.

Santiago y Raquel, los compañeros de oficina; Mercedes, la estudiante de arquitectura; la chica de la guitarra de la cual nunca supe el nombre pero conoce a José, el de la tienda de fotos, son ejemplos de la rutinaria vida céntrica.

Nuestra historia nos lleva a un personaje diferente. Silencioso. De mirada profunda y triste. Anteojos gruesos de marcos negros, peinado con gomina y zapatos viejos pero bien lustrados.

Como todas las tardes, sacaba el abono escolar plastificado de la cartuchera de dos pisos, miraba el horizonte contra el tráfico, y esperaba. Solo esperaba. Era difícil imaginar que transitaba en su cabeza, no demostraba sentimientos y llegue a dudar que en realidad los tuviera.

Solo una persona despertaba el él cierto interés y hasta era capaz de robarle una sonrisa. Ella parecía distinta, pensativa y hasta un poco triste. Caminaba despacio y nunca soltaba su carpeta forrada con papel araña celeste, haciendo juego con su jumper impecable de secundaria. Supe que se llamaba Carmen, por la inscripción que llevaba en una tira de su mochila de lona.

Por suerte el final no fue el esperado por todos y en una especie de jugarreta cósmica, los polos iguales se atrajeron de una forma rápida y contundente. Los comienzos fueron difíciles. Las charlas eran más bien intrascendentes y no pasaban de comentarios climáticos y quejas reiteradas al sistema de transporte urbano. Pero con el tiempo el dialogo se volvió fluido y hasta y hasta interesante para los curiosos, que amagaban largo rato con cruzar la calle solo para oír las tristes historias que compartían, pero solo ellos parecían entender del todo.

Voces poco autorizadas hablaron de un verdadero noviazgo, pero nunca nadie pudo comprobarlo. Los colectiveros discutían entre ellos los posibles finales de la relación y los más optimistas se aventuraban a pronosticar un inminente casamiento o un escape nocturno de ambos a tierras lejanas. Villa Allende quizás, quien sabe.

Como simple observador, noté rápidamente que él la quería. La quería demasiado. Lo vi dejar pasar colectivos y esperar bajo la lluvia que ella viniera, aunque muchas veces era en vano. Poco a poco sus apariciones fueron disminuyendo. Las charlas tomaron un tono desinteresado en Carmen y hasta la oí quejarse en varias ocasiones. Un día, tan rápido como había llegado, desapareció para siempre.

Los días pasaron. El almanaque marcó la llegada de las vacaciones. Muchos creyeron volverla a ver caminando por la plaza del barrio, pero sin el cuaderno celeste en la mano era difícil reconocerla y nadie se animaba a confirmarlo. Hubo quienes adjudicaron la desaparición a un romance de verano con el bibliotecario de la escuela, pero sería un final demasiado cruel y quedo descartado de inmediato.

Hoy, tres meses más tarde, los zapatos de nuestro personaje están mas brillosos que nunca. La parada del central R sigue su rutina. Y él sigue mirando el horizonte contra el tráfico, esperando que alguien le cambie el punto de vista para saber que hay adelante. Lejos. El villa Allende quizás.


A quien se sienta participe...